Mariposa Negra
Mis Memorias.
Marco Elio Aurelio.
Children Of The Dark
No somos como tú
Somos reales y libres
No somos
como tú.
Idea musical : Mono Inc.
La excitación de una sumisa.
La excitación de una sumisa al estar atada y expuesta ante
su amo en el BDSM se interpreta desde múltiples perspectivas psicológicas,
emocionales, físicas y simbólicas, enriqueciendo la dinámica de poder y
entrega. Estas visiones destacan la vulnerabilidad como fuente de placer
consensual y transformador.
Perspectiva Psicológica
La sumisa experimenta una liberación mental al ceder el
control, lo que genera excitación por la confianza absoluta en el amo y la
anticipación de sus acciones. Esta rendición elimina decisiones, permitiendo
enfocarse en sensaciones puras y un estado de subespacio similar a la
meditación. La exposición amplifica la humillación erótica controlada,
reforzando el rol de sumisa.
Perspectiva Emocional
Surge una conexión profunda de devoción y validación al
complacer al amo, evocando euforia o lágrimas de catarsis emocional. La
vulnerabilidad expuesta fomenta intimidad espiritual, donde la sumisa siente
plenitud al ser "poseída" visual y físicamente. Esta entrega genera
un lazo de cuidado mutuo, intensificando el apego afectivo.
Perspectiva Física
La inmovilidad por ataduras aumenta la sensibilidad táctil,
convirtiendo cada roce, inspección o penetración en oleadas de placer
amplificado. Posiciones como piernas abiertas o "de uso" exponen
genitales y ano, provocando una excitación por la accesibilidad total y la
imprevisibilidad sensorial. Vendajes oculares eliminan la vista, potenciando
tacto, olfato y sonido.
Perspectiva Simbólica
Representa un ritual de poder donde la desnudez y exposición
simbolizan obediencia total, elevando la sumisión a arte erótico con raíces en
confianza y rituales BDSM. En contextos culturales, evoca narrativas de entrega
mesoamericana o góticas de sacrificio voluntario, fusionando placer con
trascendencia.
Ojos tristes
Caballerosidad
Adaptar la caballerosidad en BDSM implica transformar sus
rituales en expresiones consensuadas de respeto mutuo y equidad, eliminando
suposiciones de superioridad masculina por un diálogo continuo que priorice el
crecimiento personal y la deconstrucción de estereotipos. Este enfoque místico
eleva el honor a un pacto voluntario, donde dominante y la sumisa (los dos crean
dinámicas sin jerarquías tóxicas de género).
Deconstruir el Machismo
Cuestiona la virilidad como obligación cultural: el machismo
surge de la ansiedad por "tener que ser" hombre, convirtiendo al
sujeto en objeto infantil que exige validación externa, mientras el verdadero
caballero BDSM elige ser a través de introspección y rechazo al abuso. En las prácticas,
evita micromachismos como asumir debilidad femenina; en su lugar, honra la
agencia de todos, reconociendo que el poder es negociado, no impuesto.
Protocolos Inclusivos
Adopta un decálogo adaptable: construye tu rol dominante
lejos de imposiciones sociales, con tolerancia cero al acoso, empatía constante
y lealtad a acuerdos explícitos que faciliten placer mutuo. Rituales como besar
el pie se vuelven simbólicos solo si ambos lo desean, incorporando cuidado
recíproco para que la sumisa también ejerzan "caballerosidad
invertida" sin paternalismo.
Comunicación Esencial
Inicia con conversaciones honestas sobre límites y
expectativas, verificando sensaciones para evitar manipulación disfrazada de
cortesía, como favores esperados por gestos "caballerosos". En
contextos góticos BDSM, este diálogo místico transmuta lujuria en devoción
equitativa, alineada con tus intereses en sumisión sensorial y ceremonias
consensuadas.
Beneficios Místicos
Esta adaptación libera éxtasis compartido, donde la
caballerosidad se convierte en puente hacia la "nada" humana —un
cuestionamiento eterno de roles que enriquece rituales como la cruz de San
Andrés con igualdad, fomentando éxtasis sin daño.
Metamorfosis Eterna
My Immortal ( mi clásica para sesionar)
Parece que estas heridas no cicatrizarán.
Este dolor es demasiado real.
Hay demasiadas cosas
Que el tiempo no puede borrar.
Idea Musical : Evanescence
Hermosa y Cautiva
La Lujuria.
La lujuria en BDSM se distingue por su marco estructurado de
consentimiento, negociación y dinámicas de poder, transformando el impulso
sexual crudo en una experiencia ritualizada y psicológicamente profunda. la lujuria
en BDSM integra dolor, control y vulnerabilidad para elevar el placer a través
de endorfinas, dopamina y oxitocina. Esto alinea con exploraciones literarias
como Historia de O, donde la lujuria se sublima en sumisión
consensuada.
La lujuria convencional busca placer carnal espontáneo, a
menudo sin reglas previas, lo que puede llevar a impulsos egoístas o
descontrolados. En BDSM, se negocia explícitamente con palabras de seguridad,
límites y cuidados físicos y emocionales, convirtiendo la lujuria en un pacto
erótico seguro que potencia la confianza y evita daños. Esto genera mayor
satisfacción sexual reportada, superando enfoques tradicionales.
Psicológicamente, la lujuria BDSM invierte normas al
fusionar dolor con placer vía "subspace", un estado alterado por
liberación hormonal que no existe en el sexo vainilla. La convencional se
centra en atracción física lineal hacia el clímax, mientras BDSM explora poder,
sumisión y transgresión para una intimidad multidimensional. En contextos
sensoriales como ataduras, excita la cesión de control, ausente en prácticas rutinarias.
Feliz Navidad.
Ya es Navidad,
y ¿qué has hecho?
otro año se acaba
y uno nuevo va a empezar.
Y ya es Navidad,
Idea Musical: John Lennon.
La Envidia
La envidia en el BDSM puede manifestarse como un sentimiento
que afecta a algunas personas dentro de estas relaciones o comunidades, similar
a cualquier otro contexto social o íntimo. En términos generales, la envidia en
BDSM puede surgir por dinámicas emocionales complejas, donde alguien puede
sentir celos o resentimiento hacia ciertos aspectos de la relación, la atención
del dominante o sumiso, o incluso en la comparación con otras parejas o
personas del entorno BDSM.
Esta emoción puede estar ligada a inseguridades,
dependencias emocionales o conflictos internos que, si no se gestionan
adecuadamente, podrían generar dinámicas destructivas o desequilibrios en la
relación. Por ejemplo, una persona puede experimentar celos patológicos o
posesividad que afectan la confianza y el bienestar emocional mutuo. La envidia
mal manejada puede provocar discusiones, violencia emocional o física,
rupturas, o una relación basada en luchas de poder y control nocivas.
Por otro lado, existen términos dentro de las filias que se
relacionan con la envidia, como la "zelofilia", que es la atracción
producida por el sentimiento de envidia en contextos sexuales o afectivos,
aunque no es exclusiva del BDSM, podría reflejarse en experiencias o fantasías
propias de esta cultura.
Se puede decir que, la envidia en el BDSM es un fenómeno
emocional complejo que debe ser abordado con comunicación abierta, respeto y
límites claros para evitar que se transforme en un problema de control, daño o
abuso. Es importante distinguir entre los sentimientos normales que pueden
surgir y los comportamientos dañinos que pueden derivar de la envidia o celos
mal gestionados, fomentando así relaciones consensuadas y saludables dentro de
la práctica BDSM.
The Dead Dance.
Producida en Isla de las Muñecas, ubicada en los
canales de Xochimilco, Ciudad de México.
Idea musical: Lady Gaga
Ofrenda.
En el altar sombrío de la noche, hermosa morena de ébano,
entregas tu cuerpo en sagrada ofrenda, llama viva que arde sin temor. Atarte
será mi rito, poseerte mi mandato, castigarte mi devoción, o simplemente
observar tu entrega absoluta, como quien contempla un sacrificio divino.
Escultórica fue tu forma forjada por sombras y deseo, y
ahora elijo tu lugar: en la silla del trono donde el poder se corona, en el
lecho real donde la sumisión se canta, o en la mazmorra profunda, prisión
ferviente donde mis ansias te encadenan sin clemencia.
Mis manos se vuelven plegaria, alabanza que recorre cada
curva voluptuosa, fundiendo piel con piel en un silencioso canto de dominio y
devoción. Son palmas que bendicen tu ser, que veneran el templo oscuro de tus
secretos.
Tus senos, hinchados faros de deseo, resplandecen bajo el
rocío de la noche. Mi lengua seduce el néctar oculto en tus labios vaginales,
bebiendo la esencia de tu entrega, como un dios absorto en su sacrificio.
Descanso mi pecho contra tus piernas torneadas, madera de
ébano obscuro que sostiene mi ardor, mientras las sombras de la noche
testifican esta unión de fuego y hiel. Tus muslos me aprisionan, dulce prisión
de lujuria y poder.
Corono tu cabeza con mis manos, mis dedos se enredan en tus
rizos rebeldes, indomables como el viento que niega la calma. En ese gesto
sublime, declaro mi dominio bendecido por la entrega absoluta.
Siento el aliento caliente de tu cuerpo rozar mi boca, la
lengua que explora mi garganta es el dulce abrupto de la sumisión que acaricia
el paladar. En ese contacto, el tiempo desaparece, dejando solo el eco ardiente
de nuestra unión.
Así, en esta danza oscura y sagrada, la pasión se vuelve
ritual, el deseo plegaria, y tú, hermosa morena de fuego, eres mi ofrenda
eterna en este sacrificio de sombras y éxtasis.
El gusto por el BDSM
Explorar el BDSM para mí es sumergirme en un mundo donde el
poder y la entrega se sienten en cada fibra del cuerpo. Cuando ato a mi mariposa,
las cuerdas y cadenas aprietan su piel, marcando su cuerpo con suaves marcas
que arden, pero que también despiertan un placer profundo. Siento el calor de
su piel, la tensión de sus músculos cuando intenta moverse y solo encuentra
resistencia; su cuerpo se rinde y eso aumenta su vulnerabilidad, que a la vez
es belleza pura.
La inmovilización de su cuerpo desnudo me ofrece un
espectáculo intenso: su respiración se vuelve irregular, con jadeos que se
escapan entre sus labios, mientras sus ojos me imploran sin palabras. Al
privarla de la vista o del sonido, sus otros sentidos se agudizan. Su piel se
vuelve un mapa sensible donde cada caricia, cada toque o mordisco despierta
electricidad. La ausencia de estímulos habituales la vuelve aún más receptiva,
y el placer se convierte en fuego que se expande desde su piel hasta el alma.
Como dominante, guío cada momento con firmeza y control. La
excitación crece en mí al ver cómo su cuerpo se estremece de deseo y cómo el
orgasmo estalla en ella, a pesar de su inmovilidad. La sensación de tenerla
completamente entregada, sin que pueda reaccionar con movimientos, pero sí con
sus respuestas involuntarias—el arqueo, los suspiros, la humedad que emerge—es
una experiencia que alimenta mi sensibilidad y mi adicción a este juego.
Cuando le dejo usar las herramientas de seguridad para
liberarse, siento el peso de la confianza entre nosotros. Esa mezcla de control
y cuidado crea un vínculo que va más allá de lo físico. Capturo esos instantes
en mi mente, porque sé que son expresiones auténticas de nuestra pasión y
entrega. Cada vez que terminamos, ella no solo pide más, sino que ruega porque
sabe que juntos hemos cruzado un umbral donde el deseo y el poder se confunden.
Este estilo de vida es para nosotros un laboratorio de sensaciones y emociones, donde cada técnica aprendida o idea intercambiada se convierte en una nueva oportunidad para explorar el límite entre el dolor, el placer, el dominio y la entrega absoluta.
Cuerdas en tu cuerpo.
El cuerpo desnudo emerge en la oscuridad como un espectro de
ébano nocturno, una muñeca tallada en sombras que intimida sin voz ni súplica.
La penumbra envuelve cada curva, y mis manos rozan tu piel como un viento frío
que promete incendio. En el silencio, la presencia se vuelve dominio, y cada
caricia es un acto de conquista y reverencia, haber conocido la fragilidad y la
fuerza del instante.
Tendida en el lecho del rey, el mundo se reduce al roce
hondo de cuerdas que aprietan, que liberan, que susurran secretos antiguos. Son
las ataduras de una libertad nueva, no impuesta sino conquistada en el juego
sutil entre sumisión y poder. Cada nudo enredado es una promesa, un pacto
silencioso que somete no la voluntad, sino a la ansiedad de entregarse a deseos
que se ocultan tras el velo de la noche.
Con la piel bañada en sombras, conozco los placeres
prohibidos que tu naturaleza oculta, mujer de secretos sin nombre. No es la
mera carne lo que despiertan mis dedos, sino la esencia profunda donde se
funden el miedo y el deseo, lo dulce y lo oscuro. Es un rito antiguo, un
despertar silencioso que escapa a la razón y se adentra en la pasión pura, la
que no pide permiso ni perdón.
Las cuerdas son dulces, no cadenas. Son hilos tejidos con la
ternura de lo silenciado, enlazan nuestros cuerpos y almas en un abrazo donde
el dolor se transmuta en placer, el sometimiento en entrega. En ese tejido
sagrado, los suspiros rompen la quietud y el tiempo se dobla para revelarnos
que la verdadera libertad nace en la aceptación del deseo profundo, sin máscara
ni engaño.
Besos vertiginosos sellan el pacto nocturno, y en el eco de
la penumbra renacemos. No es solo carne la que se une, sino la voluntad de ser
otro, de desvanecernos para encontrar en la rendición el fuego que mantiene
encendido el alma. Este renacer no es olvido ni muerte, sino la promesa de una
nueva vida, de un destino compartido que surge de la oscuridad hirviente.
La muñeca de ébano nocturno no teme su propia sombra ni la
del otro, porque sabe que solo en la oscuridad cobra sentido su nombre. Somos
amantes y sacerdotes de un rito secreto, adviniendo del silencio y la sombra,
sosteniendo el eco de un gemido que se multiplica en lo infinito, un lenguaje
sin palabras que solo el cuerpo entiende.
En esa danza de sombras, cada roce despliega senderos
ocultos, un mapa donde el placer y la voluntad se cruzan. Entre nudos y
suspiros, entre estremecimientos y silencios, aprendemos el arte sagrado de la
entrega: no como renuncia, sino como conquista del propio ser a través del
otro, en un espiral de intensidades que no conoce fin.
Renacer contigo es abrazar lo desconocido, lo inexplicable,
la belleza oscura que crece en el abismo de la noche. En ese nuevo alba, la
libertad se viste de caricias, y la sombra, que una vez intimidó, ahora es
refugio y hogar. Juntos, atados y libres, comenzamos una vida que solo el
placer y la entrega pueden escribir.
El control
Dentro del debate sobre quién tiene el control real en una
sesión BDSM, las diferentes perspectivas reflejan la complejidad de la dinámica
de poder consensuada.
Algunas fuentes indican que la sumisa tiene en última
instancia el control porque es quien establece los límites, negocia previamente
y tiene la palabra de seguridad para detener o modular la sesión. Esto implica
que la sesión siempre debe ajustarse a sus fantasías y consentimiento, garantizando
su seguridad y bienestar. Por eso, aunque el dominante ejerce control durante
la sesión, este control está condicionado y limitado por el acuerdo y el
consentimiento de la sumisa.
En cambio, otras personas afirman que el dominante debe
tener el control activo y progresivo de la sesión, pues su rol es guiar y
adaptar las fantasías de la sumisa conforme a su voluntad dentro del marco
acordado. Aquí el dominio se ejerce con responsabilidad y respeto, pero implica
que el dominante es quien lleva la iniciativa y conduce la experiencia.
Finalmente, existe una interpretación que ve la relación
como una creación conjunta donde ambos están al servicio de la sesión y de la
experiencia mutua, una danza consensuada de poder y entrega que se fundamenta
en la confianza y en la complicidad activa de ambos participantes. Esta
perspectiva trasciende la idea de control unilateral para enfocarse en la
conexión y el disfrute compartido.
Para terminar, en el BDSM el control es un concepto flexible
y consensuado. La sumisa tiene el control final sobre lo que acepta y sus
límites, el dominante dirige y maneja la sesión con ese consentimiento, y ambos
contribuyen para crear una experiencia que les envuelve y satisface a los dos.
Así, el control se reparte y se negocia según la dinámica, propósito y
confianza específica de cada relación o sesión.
Mi Cruz
La Cruz de San Andrés se usa en escenas de BDSM
principalmente para bondage, inmovilizando a la sumisa en una posición fija y
expuesta que facilita el control y dominación física y emocional. Aquí se
detallan los usos típicos:
Posicionamiento y fijación: La persona sumisa se ata con las
manos y los pies asegurados a los cuatro extremos de la cruz en forma de
"X", lo que impide el movimiento y deja el torso y las extremidades
extendidos y accesibles. Se utilizan cuerdas, esposas o correas resistentes
para fijar cada punto, asegurando seguridad y comodidad dentro de los límites
consensuados.
Escenas de dominación y sumisión: Con la sumisa
inmovilizada, el dominante puede aplicar diversos estímulos como caricias,
golpes controlados (spanking), uso de juguetes eróticos, o incluso juegos
psicológicos basados en la entrega y vulnerabilidad del sometido.
Variantes y accesorios: En algunas escenas, la cruz puede
colocarse en ángulos diferentes, o usarse junto con capuchas, mordazas, o
dispositivos sensoriales para aumentar la sensación de sumisión y control.
También puede permitir posturas que expongan zonas erógenas específicas para
juegos sensitivos o de placer/dolor.
Seguridad y comunicación: Es fundamental que la fijación sea
firme pero no lesiva, con la posibilidad de liberar rápidamente ante señales de
incomodidad. La Cruz de San Andrés potencia la dinámica de confianza en BDSM,
por lo que la comunicación clara y consensuada es indispensable durante toda la
escena.
La Cruz de San Andrés se usa para inmovilizar a la sumisa de
forma segura en una escena BDSM, permitiendo al dominante acceso completo para
juegos de dominación, bondage, castigo, o estimulación, siempre en un marco
consensuado y seguro.
Improvisando.
Evening Falls
Mientras camino por la habitación
Allí delante de mí, hay una sombra
De otro mundo
Donde ningún otro puede seguir.
Idea musical : Enya
Ninfa
Mi gran diosa Tetis,
sumergida en el abismo de mis deseos,
tu presencia me envuelve en un abrazo líquido,
una ninfa de ébano ante el espejo infinito del mar.
Nereida dueña de la marea que inunda mi pecho,
tu melena serpentea, negra y rizada, indómita,
como tu moral rebelde que desafía las corrientes,
arrastras conmigo en un vaivén de pasión antigua.
Galatea, esculpida por la caricia del tiempo y la espuma,
invito a mi alma a entrar en tu secreto más hondo,
en agua que fluye entre mis dedos y te dibuja,
envolviendo cada latido en la carne del deseo.
Náyade de dulce sumisión,
nadando en tus placeres hallo mi origen,
un corazón que late al ritmo de tus olas,
en una entrega líquida, profunda y sin retorno.
Sirena que canta con voz dulce y sensible,
curvas que desafían el silencio convocado,
turgentes senos libres que invitan al amor,
melodías que son promesas y cadenas invisibles.
Nesea, piel húmeda, desnuda, tibieza que atiende,
tu abrazo disuelve mis inseguridades más hondas,
bruja que emerge eterna de aguas juveniles,
radiante salvación en mi noche marinas.
Diosa marina, sol de abismos y renacimientos,
cada sorbo de tu néctar, un rito de juventud,
memoria indeleble en mi alma que bebe,
el misterio infinito de otras Nereidas.
En este vasto océano donde sucumbo y renazco,
tu nombre es mi ancla y mi deriva,
en la oscuridad líquida, eres tú, la que me sostiene,
mi gran diosa Tetis, la que amaré eternamente.
Duelo
El duelo de una sumisa cuando se va su Amo en una relación
BDSM es una experiencia emocional intensa y profundamente personal. La sumisa,
quien ha entregado su confianza, obediencia y parte de su identidad a través
del rol, puede sentir un vacío abismal que trasciende la simple pérdida de una
pareja convencional, pues en ella desaparece también el vínculo de poder,
protección y guía que constituía la base de su entrega y seguridad.
Durante este duelo, la sumisa puede experimentar una mezcla
compleja de tristeza, sensación de abandono, confusión y desorientación, ya que
pierde no solo al Amo, sino también el marco seguro y estructurado que definía
su cotidianidad y bienestar emocional. La separación puede provocar
sentimientos de vulnerabilidad y desarraigo, pues la sumisión no es solo
obedecer, sino un acto profundo de entrega y confianza en la protección y
liderazgo del Amo.
Además, la sumisa puede reflexionar sobre su autonomía,
enfrentando el reto de reencontrarse fuera de la dinámica D/s y reconstruir su
identidad más allá del rol sumiso. Es habitual también un periodo de adaptación
en el que la sumisa debe aprender a valerse por sí misma emocionalmente, sin la
guía ni el cuidado del Amo, lo que puede incluir duelo, autoexploración y
crecimiento personal.
La superación del duelo implica, para muchas sumisas, un
balance entre el respeto por la relación y su fin, la aceptación de sus propios
sentimientos y la búsqueda de apoyo, ya sea mediante amistades dentro del BDSM
o terapia si es necesario. Reconocer que la relación era consensuada y que
ambos tenían autonomía ayuda a aliviar sentimientos de culpa o fracaso. En
definitiva, el duelo de la sumisa es un proceso donde se mezclan la pérdida
afectiva, la reestructuración de su identidad y la búsqueda de un nuevo
equilibrio personal tras la despedida del Amo.





























