En las sombras de la noche,
donde la luna platea su rostro,
nuestro cuerpo entrelazado,
Bailan sin fin, sin rencor y con pasión.
Tu piel desnuda, como ébano,
invita a mis manos a explorar;
cada curva, cada contorno,
cual mapa de placeres sin igual.
Las cuerdas, sutiles y flexibles,
como dedos que nos abrazan,
nos unen en esta danza oscura,
donde el dolor y la alegría se mezclan.
Mis labios sobre tu piel tierna,
beben la sal de tus llagas;
mi lengua, dulce como miel,
saborea cada uno de tus gemidos.
Las cuerdas, ahora tensas y fuertes,
nos mantienen unidos en este espacio,
donde el éxtasis y la tensión se encuentran,
en una amalgama sin igual.
Nuestro cuerpo entrelazado,
en esta danza que nos lleva al límite;
una y otra vez, vamos y venimos,
en un ciclo de placeres sin fin.
Y cuando las cuerdas se aflojan,
y el mundo exterior desaparece,
solo queda nuestro cuerpo,
bajo la luna plateada,
como recuerdo, un sueño real,
en un éxtasis inmortal…
