Mariposa de ébano que buscas rosas para ti,

más allá de mis sueños con ellas vestidas de fucsia,
misteriosa en su velo, cubriendo tu enigma divino,
dama de día que danza en sombras de obsidiana.


Rosas que cubren tu cuerpo, que sigue siendo un misterio,
reflejo de tu alma en pétalos de sexo y vainilla,
mariposa velada, alas plegadas en secreto,
baila vestida en el día y desnuda de noche en suplicio.


Con rosas ves el reflejo de tu alma dual y eterna,
dama de luz diurna, mariposa nocturna en éxtasis,
pétalos que susurran promesas de cadenas ocultas,
en ritual místico donde el deseo se hace visible.


Con rosas de vainilla esperas tus cuerdas sedosas,
sin ellas, no hay oscuro suplicio a tu cuerpo encadenado,
ofrenda obscura en altar de seda y rosas,
donde la sumisión florece en placer perfumado.


Sin rosas veo tu cuerpo desnudo, atado y voluptuoso,
dispuesto a mi voluntad en quiebre de alas inmóviles,
voluptuosidad canela que tiembla bajo mi mirada,
sacrificio vivo en la penumbra de mi dominio.


Cuerdas sin color enaltecen tus senos erguidos,
sin color ocultan tu virginidad ya perdida en néctar,
lazos de sumisión que tejen el velo del placer,
en ritual místico de entrega y posesión eterna.


Sin rosas expones tus hermosas piernas entrelazadas,
cintura de locura imaginable, caderas de abismo,
alas inmóviles plegadas en sumisión gozosa,
curvas que invocan a dioses de la lujuria antigua.


Tus labios sacian de néctar, pensando en la rosa posada,
sin alas, sin manos, solo tu boca ansía tocarla,
beso prohibido que bebe el elixir de la entrega,
en éxtasis de lujuria donde tu entrega termina.


Solo tú y tu reflejo añoran las horas pasadas,
en que tu cuerpo se vistió de rosas abiertas,
espejo de pasiones que claman por cuerdas nuevas,
mariposa cautiva en el ciclo de noche y alba.


Mariposa de ébano, en rosas hallas tu tormento,
vestida de fucsia misteriosa, desnuda en mi altar,
dama y sombra unida en suplicio voluptuoso,
eterna en el ritual de cuerdas y pétalos cálidos.