Morena cual sombra de medianoche,
tu piel besa la luz con fuego oculto,
mujer de ébano vivo, tallada en deseo,
donde el sol se rinde ante tu ardor profundo.
Pantaletas rojas, fuego entre tus muslos,
arrojan el secreto que guardas en la curva,
tela ceñida que late con tu pulso,
invitación al tacto, al vicio que no hurga.
Playera negra, velo de noche eterna,
envuelve tu torso en misterio sedoso,
transparente al roce, al aliento que quema,
revela el mapa de tus formas gloriosas.
Senos de manzana, redondos y firmes,
frutos prohibidos que invitan al mordisco,
dulces en su peso, erguidos en mi palma,
néctar que gotea en la fiebre del vicio.
Ataduras en tus tobillos, seda cruel,
nudos que atan tu vuelo a mi dominio,
piernas rendidas, abiertas en sumisión,
mariposa negra, presa en mi hechizo.
Cabello de rizos tormentosos, salvaje,
cascada de truenos que azota mi pecho,
enredos oscuros donde pierdo los dedos,
tormenta que azota en la danza del lecho.
Belleza perpetua, diosa sin ocaso,
eterna en tu gracia, inmortal en el goce,
rostro que hipnotiza, cuerpo que esclaviza,
flor negra que brota en la noche voraz.
Labios delgados, color cereza madura,
fina herida roja que pide mi lengua,
susurro de besos que sangran placer,
puerta al abismo donde muero y renazco.
Muy hermosa mujer, mi reina encadenada,
mariposa negra en alas de pasión,
te poseo en versos, te ato en mi alma,
eterna, morena, en el éxtasis sin fin.
