En esta noche te presentas ante mí,
de rodillas y desnuda, sumisa y fiel,
entregada por completo a mi voluntad,
tu cuerpo un templo listo para mi altar.
Tus brazos se extienden cual ofrenda sagrada,
listos para ser atados en sacrificio a tu señor,
dueño absoluto de cada fibra de tu ser,
tu cuerpo mi propiedad, tu alma con sabor a miel.
Tus senos erguidos se ofrecen a la luna blanca,
tu clítoris palpita en la noche oscura,
todo tu cuerpo vibrante de deseo,
en un banquete para mi sombra santa.
Años han servido a tu sumisión eterna,
tu alma atrapada en luces que rompen la noche,
pequeños destellos de entregas pasadas,
que ahora confluyen en este momento sin reproche.
Atada de brazos, de rodillas y desnuda,
esperas con ansias, tus deseos más oscuros,
el éxtasis que solo la entrega completa puede brindar,
es la liberación que nace de tu total rendición.
Ser poseída por mí sin resistencia,
tu cuerpo y alma entregada al placer,
caricias lujuriosas que recorren tu piel,
y sin intervenir, renacer como una gran mujer
Tus ojos vendados solo pueden sentir,
el éxtasis más oculto y profundo de tu alma,
una experiencia que solo mi cuerpo puede recibir,
en placer que te ahoga, al ver la luz de la mañana.
Tus rizos negros acarician mi pecho,
aroma a rosas frescas del campo,
una mezcla de naturaleza y dominio,
de ternura y poder en perfecta armonía.
El hilo de plata que nos une en la noche,
es el símbolo de nuestra conexión eterna,
atados no solo por cuerdas sino por el deseo,
en un pacto que trasciende a lo largo del tiempo.
Y así amanecerás conmigo, desnuda y atada,
realizando el sueño que alimentaba tus noches,
junto a mis caprichos siempre serás, bien amada
en un abrazo donde los dolores se convierte en pasiones.
