Mariposa cautiva.

En la penumbra del cuarto te desnudo,
vendo tus ojos, con velo de seda negra,
para que el tacto agudice tu instinto
y cada sensación en tu piel, se haga eterna.

Tu cabellera negra, caireles de obsidiana,
cascada sonora que inunda tu rostro,
sentimientos puros en tu piel de ébano,
un tesoro que mi mano anhela y toca.

Las baldosas azules besan tu espalda,
frío crujiente en tu piel ansiosa,
mezcla de miedo y deseo profundo
en mi dominio te encuentras, mi mariposa.

La cuerda en tu cuello, abrazo sutil,
tu aliento agitado, ¿por el placer o el lazo?
Mi cuerpo sobre el tuyo, piel con piel,
fundidos en la eternidad de un abrazo.

Tus senos hinchados, promesas eréctiles,
esperando mi lengua, mi boca voraz,
pezones que se yerguen ante mi presencia,
succionados de forma fugaz.

Manos atadas, inútiles para escapar,
impidiendo el rechazo que no anhelas,
la cuerda que roza, tus labios vaginal,
despertando el clítoris que en ti se revela.

Rodillas unidas por la cuerda de amor,
sometida, incapaz de espasmo libre,
tu cuerpo enjaulado, pero vivo,
arderás en la hoguera que te describe.

Puntas de tus pies, aprisionados,
cuerda de oro que te mantiene en vilo,
dueño de tu corazón, alma y cuerpo,
mariposa valiosa que siempre anhelo.

Así te atesoraré, mariposa cautiva,
colección de sueños y temores,
convertidos en realidad deseada,
posesión total de tus placeres.