Déjame vagar en tu mirada
y húndete despacio en la mía;
arrodíllate desnuda a mis pies,
deja que el collar ciña tu garganta
como un beso de cuero que te vuelve mía.
Conoce la desnudez de mi alma
y navega, sumisa y temblorosa,
por mi intimidad secreta.
Déjame acomodar en tu corazón palpitante
con el pulso áspero de mi deseo;
resbala por el ondulante vaivén de mi pasión,
atadas las muñecas, abiertos los tobillos,
tendida sobre las sábanas que ya huelen a los dos.
Toca con tus alas mi ilusión,
abanica con sonrisas mis secretos
y reposa serena, rendida, en la desnudez de mi alma.
Rozar, suavemente, mis anhelos
con mi yema, la dureza de tus pezones;
delineando, lentamente, el borde de mis sueños
con la curva dócil de tu cadera;
cobijar, tiernamente, la desnudez de tu alma
mientras el látigo escribe sobre tu piel
las rojas letras de mi posesión.
Calmar con sigilo tus temores,
vendada y obediente bajo mi mano;
acariciar dulcemente tu esperanza
con tu boca amordazada que gime mi nombre;
acuña con sonrisas mis sentidos,
deslizándome en tu desnudez y tu alma
y dejando que las cuerdas te declinen
en un idioma de nudos y de entrega.
Déjame reposar en tu tibio pecho,
cálidamente entre tus brazos aún marcados;
disfruta paso a paso y en silencio
el viaje que iniciaste...
fúndete en cuerpo y alma en mi desnudes dominante.
Quiero verte esperar mi orden con la espalda arqueada,
ofrecida y quieta como ofrenda viva;
que tu respiración se vuelva mi compás,
que cada sí sea un latido de obediencia
y cada silencio mío un castigo que te enciende.
Ábrete lenta, sin prisa, sin pudor,
que tu cuerpo aprenda a temblar cuando es mio.
Y cuando el placer te rompa en jadeos,
déjame beber tu humedad de esclava,
besar tus labios vaginales que me pertenecen,
llenar el hueco que mis dedos prepararon
para poseerte por dentro, con un nombre:
el tuyo, el mío, el nuestro,
grabado a fuego y pasión con toda mi alma.
Así te quiero: mía y amordazada,
el cabello pegado a la frente, las piernas atadas,
el cuerpo tibio de tanta entrega;
y que al final, cuando el silencio caiga,
me acurruque en ti, como una fiera domada
y fundir para siempre las cuerdas a tu desnudez
en el recuerdo eterno de mi alma.
