Dale vida a los sueños que humedecen la piel,
donde tú piel cruje y la seda se desliza;
tu cuerpo, ofrenda de placer y de miel,
se rinde al tacto que lo domina y lo hechiza.
Nunca confundas el deseo con la vanidad,
pues en tu sumisión late la verdad.
Aunque tu mente reclame aclarar la razón,
y busques metas en la luz de la vigilia,
nunca rompas el lazo que ata tu corazón,
ni cortes las cadenas que tu alma hilan.
Déjate llevar por el pulso del control,
donde el dolor se vuelve dulce y el placer, amor.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loca,
no dejes que el hastío apague tu fuego interior;
que tus muñecas, atadas, sientan la caricia
de la cuerda que marca tu ritmo y tu valor.
No les rompas las alas a tus fantasías,
déjalas que vuelen en noches de lujuria y poesía.
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas con la punta de los senos;
el viento, susurrando, te irá desnudando,
y sentirás tu cuerpo, bañado en deseos plenos.
Cada nudo es un verso, cada azote, un compás,
tu piel, el lienzo donde el placer se hace más.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
bajo el antifaz que oculta tu mirada ardiente;
descubrirás que puedes vivir estos momentos
con los ojos abiertos y los miedos en la mente,
o con los ojos cerrados y los sueños despiertos,
mientras mis manos te exploran en senderos inciertos.
Tu espalda, arco tenso bajo la luz tenue,
recibe el latigazo que dibuja caminos;
cada marca, un poema que el tiempo no retiene,
cada gemido, un eco de placeres divinos.
No hay templo ni altar, solo tu carne y sexo,
guiando tu entrega en este oscuro deseo.
Las esposas de metal besan tus tobillos,
mientras tu respiración se acelera en la espera;
el shibari te envuelve en rojos hilos,
y tu cuerpo se estremece, sumiso, en la espera.
No hay dioses ni ritos, solo el pulso del deseo,
y el sudor de tú piel bajo mi cortejo.
Tu boca, entreabierta, pide más en silencio,
pero tu mirada suplica por palabras prohibidas;
la mordaza muerde tus labios, dulces en el veneno,
mientras mis dedos trazan rutas no vividas.
Eres hermosa en tu rendición absoluta,
una diosa mortal que en el placer se embriaga.
Porque soñando te conocí, entre sombras y sueños,
donde el tiempo se detiene y el mundo se desvanece;
tus sueños, ahora reales, son verdaderos,
y en tu sumisión, mi alma se estremece.
Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
y en cada atadura, encuentra tu calma.
