Bajo la luz de luna que se filtra en la fuente,
nuestras pieles se encuentran en rito sagrado.
El agua mística cae, pura y serena,
borrando el pasado, lo impío y lo errado.
Siento el fuego de tu éxtasis ardiendo en mi cuerpo,
una llama divina que el agua no apaga.
La delgadez cristalina que apenas recuerdo,
en mi cuello, tus suspiros que en mi alma se anclan.
Tus labios, dulce néctar de fruto prohibido,
se mezclan con el sudor de tu piel morena.
Cada beso es un bautismo, un amor decidido,
que en mi boca tu esencia destapa y condena.
Eres medusa hermosa de cabellera oscura,
serpientes de azabache que ondulan y bailan.
Tus ojos me hipnotizan con su loca ternura,
mientras en la poza nuestros cuerpos se encuentran.
En las aguas benditas por tu néctar divino,
renazco transformado, purificado y nuevo.
Tu sexo es manantial, río cristalino,
que inunda mi ser de un gozo sereno.
Mis manos se deslizan como agua en tu cuerpo,
dibujando tus curvas, tu piel morena y tibia.
Cada contorno es un verso, un verso que te adoro,
cada caricia es una prenda que te excita.
La tibieza de tus senos se desvanece,
confundiéndose con el agua que nos abraza.
Dos temperaturas que en una se enriquecen,
dos cuerpos que en el baño se deshacen y abrasan.
El agua nos protege, nos envuelve y nos acuna,
mientras nuestros suspiros se elevan al cielo.
En esta noche serena, en esta fortuna,
nuestros cuerpos desnudos en un solo anhelo.
El final es consumado, la unión se ha
completado,
en pureza eterna, en amor sin fronteras.
Dos seres transformados, dos cuerpos iluminados,
por el rito sagrado de nuestras caricias eternas.
