Mariposa Carmesí

En la noche oscura donde nos unimos,
tu piel morena se pierde en carmesí,
vestido rojo que abraza tus curvas
mientras la luna te dibuja en la sombra.

Tus labios, cerezas de profundo sabor,
se entregan al ritmo de tus ojos negros,
dos pozos de hielo y fuego devorando
mi alma ansiosa de tu dulce tormento.

Tus rizos serpentean en tu cuello largo,
cabello oscuro que aprisiona y libera,
cadenas suaves que me atan a ti
en esta danza de poder y entrega.

Tus piernas, ébano tallado por el tiempo,
se extienden hacia mí como un altar,
donde mi cuerpo rinde tributo sagrado
a la diosa que se arrodilla ante mí.

Tus brazos delgados, tus manos tersas,
trazan caminos de fuego en mi piel,
caricias que marcan y que redimen
en este juego de dominio y sumisión.

Tu voz de sirena me llama sin tregua,
melodía hambrienta de placer y dolor,
mi ser atrapado en tu eterno canto,
esclavo voluntario de tu amor.

Mariposa hermosa, alas atadas a mí,
tú revoloteas en mi palma abierta,
libre en tu cautiverio, sumisa y reina,
el tesoro más valioso que posee.

En nuestro rincón del mundo silencioso,
donde los látigos susurran tu nombre,
te entrego mi vida, mi fuerza, mi todo,
mariposa carmesí, mi eterno amor.